Aquí un servidor, como ya dijera Cebomán en aquella parodia mítica, "soy un poco vaguete. Pero baguette de pan no, vaguete de pereza". Aunque algunas veces haya cosas que me saquen de mi letargo y me hagan incorporarme y decir "¡coño!".
Que este mundo está mal montado es algo que cada vez tengo más claro. No os sabría detallar las causas ni daros ejemplos debido a mi ignorancia, pero creedme si os digo que no hablo de la corrupción, del consumismo, de las guerras o del cambio climático. Hablo de que no hay lugar para los verdaderos deseos del hombre. Sean cuales sean.
No lo sabía y puede que no sea del todo cierto, pero ante esto me gusta descubrir personas que ofrecen un punto de vista nuevo. Y no hablo de originalidad, hablo de lucidez.
De estos he visto algunos, unos mejores y otros peores. Del que os hablaré hoy está entre los mejores: Raúl Minchinela.
Y este proyecto, Reflexiones de Repronto, está sumergido en su tercera temporada, que comenzó hace ya dos semanas. Cada miércoles deja con su inconfundible narrativa la conclusión de una reflexión que no está sobre la mesa.
De Repronto hay cosas que me llaman la atención:
La primera es la que ya he dicho: la habilidad de su autor para, mediante el personaje del Dr. Repronto, poner luz allí donde no había ni la más mínima intención de apuntar con el flexo.
La segunda es ver cómo la serie se apoya y condiciona por un concepto que limita los movimientos de cámara, la música, la narrativa, los personajes y los temas. Todo.
Y sin embargo, el concepto a la vez de limitar, es fuente de ideas y contenidos. No es sino gracias al concepto del que nace Repronto el hecho de que se avance ya por la tercera temporada y no parezca extraño que haya una cuarta.
Ésto, los que nos dedicamos al tema, lo vemos cada día en publicidad: las marcas bien diseñadas, maduras, tienen detrás un concepto y mensaje definido que les condiciona y limita la elaboración de los mensajes.
Y sin embargo, al mismo tiempo, son el cimiento de grandes creatividades a las que sin él no se habría llegado jamás.
Y la tercera cosa que me llama la atención es comprobar lo mucho que se parecen el señor Minchinela y el Dr. Nick Riviera, de Los Simpsons.
Os dejo ahora con Sub Limen, el último capítulo de la segunda temporada, sobre la publicidad subliminal:
Y me despido arengándoos a segur a Minchinela, bien vía Repronto, bien mediante su blog No Recomendable.
Cuando llegué de Vietnam me dije "Jaime Aguiló, ahora esta primera semana les cuentas cómo te ha ido el viaje y luego ya te pones a actualizar con normalidad". ¿Pero qué ha pasado? Pues que contaros el viaje suponía más trabajo del que me pensaba, sobre todo a la hora de seleccionar las fotos, y si a eso le unes la pereza y la falta de costumbre terminas por retrasarte casi un mes.
Así que ahora me dispongo a contaros la última etapa del viaje y a ver si la semana que viene volvemos a reír y cantar como solíamos.
"Al final has llegado". Esas fueron las primeras palabras que entendí en Vietnam. Mi hermano Manuel me recibía en Ho Chi Minh City haciéndome ver lo mucho que desconfiaba que llegara en condiciones.
Ho Chi Minh es la ciudad más importante del Sur de Vietnam, que es un país muy alargado (para los curiosos). Lo más importante de esa ciudad (al margen de las cosas realmente importantes) es que antiguamente se llamaba Saigón y, por ende, comercializan la Saigon Beer. También es una ciudad con banda sonora, ya que el ruido producido por las motocicletas es algo fuera de lo normal.
Otra cosa muy característica de la zona son los semáforos, que no tienen luces, ni colores, ni palo, ni nada. Vaya, que no hay semáforos. Lo que convierte cruzar la calle en toda una experiencia de riesgo; las motos van pasando y tú sólo tienes que hacer como Dori en Buscando a Nemo: "sigue nadando, sigue nadando".
Al principio el miedo me llevaba a utilizar a Manuel o a José Luis como escudo, pero al final le cogí el gustillo.
Y las motos unidas a los turistas dan como resultado los Xe Om, que viene a ser gente que tiene una moto y nada que hacer con su vida. De manera que están en la calle a su rollo, o dormidos como el de la foto, y en cuanto ven a un turista levantan la vista y el dedo índice para llamar su atención.
Luego le sueltan la gran frase: Motorbike you?
Su intención es llevarte a alguna parte de la ciudad a cambio de una cantidad de dinero que, si no quieres que te timen, deberías negociar antes de subirte a la moto.
Las viviendas tienen todas el mismo ancho. José Luis os contaría con más emoción y sinceridad lo horrible que es una casa distribuida en tres plantas con un ancho máximo de 5 metros. Yo sólo os diré que si quieres construir más ancho has de pagar muchos más impuestos. Lo que deja perlas como la de la foto de arriba.
El primer fin de semana me escapé solito al Delta del Mekong, que no es Venezia. Es un río que, si eres soldado americano y no te cambias los calcetines cada vez que paras, te devora los pies. O al menos, así se lo dijo el Teniente Dan a Forrest y a Bubba.
Con los turistas, el río es mucho más benévolo. Es un buenri.
El Mekong viene desde China, haciendo de frontera entre Vietnam y Laos, atravesando Camboya y partiendo en dos el Sur de Vietnam. Antes de llegar al mar se divide en nueve, formando el Delta y ganándose el apodo de "El Río de los 9 Dragones". Y parecía tonto el río, o qué.
Allí conocí a Thomas, alemán, afincado en Ho Chi Mihn con la intención de alcanzar el karma dando clases en la Escuela Internacional durante tres años. Un buen tío al que le bastaron 2 días para dejarme claro que en cada rato libre, le gusta tomarse una cerveza.
La siguiente parada fueron los túneles del Viet Cong en Cu Chi. Los tíos fueron listos como el hambre. ¡Y lo siguen siendo! Nos pusieron un video en plan NO-DO pero vietnamita. Es lo más comunista que vi en todo el país.
Allí los tíos se movían cual peces en el agua, matando americanos.
Tras estas dos escapaditas vino la grande: me pillé mi maletita y me marché al Norte. Lamentablemente mi hermano no pudo seguir este ritmo endiablado y no vino conmigo. Me convertí en un bohemio, viajero solitario en busca de la paz interior.
Visité Hanoi, que es la capital y ciudad donde está el mausoleo de Ho Chi Minh, que no os lo he dicho, pero estaba en todas partes. Mirad, es éste:
Tras pasear por la ciudad un día entero, me subí a un tren-cama que me llevaría hasta Sapa, en la frontera con China. Allí senderismo y demás. Más que contároslo, lo veis.
Las amables monk de piel negra te seguían de buen rollo, ¿cómo te llamas?, ¿de dónde eres?, How many brothers and sisters do you have?, y toda la pesca.
Pero en realidad es todo una careta de papel, pura fachada. Lo hacen porque quieren tu dinero. Te venderían a sus hijos si los llevaran encima, pero gracias a Dios están en la escuela.
Les compré un bolsito para la manchega.
Si algo más hice en Sapa fue conocer gente, lo prometo. Mucha y muy variada.
Si le preguntabas a Don de dónde era, no sabía bien qué contestar. Nació en Jamaica porque su madre trabajaba en Escuelas Internacionales y estuvo toda su infancia cambiando de país cada dos o tres años.
Contestaba que era escocés porque su familia es de allí, pero él nunca ha vivido en dicho país. Reside en Australia desde los 18 y ahora se dedica a regentar una empresa que le da libertad para escaparse todos los años a ver el eclipse solar. Da igual donde sea, este año tocó en Beijin y luego viajó durante dos meses por el sur de Asia; el año que viene es en Sudamérica. No faltará a su cita.
Michael y Tan Huan, los singapurenses, majísimos. Estuvieron a punto de convencerme de que me fuera a Singapur a trabajar cuando les dije que quería seguir mejorando mi inglés. Menos mal que no les dejé seguir. Con ellos practiqué una de mis aficiones: fotografiar a la gente mientras se hace fotos.
Y otro pamplonica, que no conocí ninguno hasta que salí de España. Sergio lucía su toro de Kukuxumusu cual bandera nacional, orgulloso. No en vano, trabaja para él haciendo videos. ¡Y qué videos! Le fastidié el audio de varios hablando cuando no debía, pero él me lo perdonó.
¡Ah! Y vimos a Marujita Díaz, la de verdad no, la de perro.
Tras ésto me fui a Halong Bay, una bahía maravillosa mitológicamente creada por el destrozo de un dragón que pasó por allí prestando poca atención a los movimientos de su cola.
Allí, plan turista tranquilo: paseo en barco, aperitivo seafood y muchas fotos. Un lugar especial.
Tras ésto, volví a Hanoi, robé 5$ en un hotel y me fui al aeropuerto dispuesto a volver a Ho Chi Mihn con Manuel. Mientras esperaba el avión encontré un paquete de galletas marca Elgorriaga. ¡Rellenas de fresa! Hasta la etiqueta estaba en castellano. Me comí todo el paquete sin hambre ni nada; me dio agitación estomacal (diarrea) durante los últimos tres días en el país. Pero mereció la pena. ¡Volvería a hacerlo!
Los últimos días caí en un cansancio indigno mientras visitábamos Mui Ne, sus dunas, sus riachuelos turísticos que al final no eran nada, sus autopistas y sus playas malolientes.
Y tras todas estas aventuras, me vi de nuevo en un aeropuerto, despidiéndome de mi hermano. "Nos vemos en Navidad", le digo y se ríe. "Who knows?", y esta vez me río yo. "He knows", me responde y cada uno a su marcheta.
Llegué a España convertido en una mejor persona. Sigo haciendo lo que hacía, diciéndole a la gente que no me toque, quejándome de todo y haciendo chistes de humor negro cuando me estreso en ESIC. Pero más abierto de mente, ¿eh? Ahora los dedos anulares ya no son lo mismo para mi.
Venga, arrogantes, que la semana que viene vuelve TACG.